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El programa de mentores Oakland Promise logra que otra joven inicie y avance en sus estudios universitarios con la ayuda de Blue Shield of California

Kathleen Pender

11 de enero de 2022

 

Cuando Melissa del Carmen Jiménez asistía a la preparatoria Oakland High School, su único plan después de la graduación era conseguir un trabajo. Ninguno de sus padres asistió a la universidad. Había oído hablar de la SAT (Prueba de Aptitud Académica) y de diferentes carreras universitarias, pero no las entendía.

Un par de meses antes de su graduación, su futuro dio un giro imprevisto. Un consejero escolar la animó a solicitar una beca de Oakland Promise, una organización no lucrativa cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes de Oakland a iniciar y terminar sus estudios universitarios. Oakland Promise ofrece ayuda económica, mentoría y otros recursos, principalmente a los jóvenes de color que conforman la primera generación de estudiantes universitarios de sus familias.

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Melissa del Carmen

Blue Shield of California, un patrocinador de Oakland Promise, otorgó una donación de $1 millón a la organización con motivo del traslado de su sede a Oakland en 2019. El plan de salud también anima a sus empleados a convertirse en mentores de Oakland Promise.

Para Jiménez, contactar a Oakland Promise fue un momento decisivo: ganó la beca, se matriculó en College of Alameda y se sumó al programa de mentoría que la organización ofrece a sus becarios. En este marco conoció a Sonja Steck, gerente de Estrategia de Productos de Innovación Sanitaria de Blue Shield.

Steck es una de los 67 empleados de Blue Shield que se desempeñaron como mentores de 87 becarios de Oakland Promise desde 2017. Al principio, Jiménez y Steck se reunían cada uno o dos meses para hablar de los estudios, el trabajo y el futuro. Incluso después de la pandemia de COVID-19 a principios de 2020, ambas lograron mantenerse en contacto por medio de mensajes de texto.

LA VIDA LE PRESENTÓ UN DESAFÍO INESPERADO

A los pocos meses de iniciada la pandemia, la vida empezó a complicarse para Jiménez. Durante su segundo semestre, las clases comenzaron a dictarse en línea y se dio cuenta que “no sentía afinidad” con la biología, su especialidad prevista. La situación se complicó aún más cuando su madre se enfermó y surgieron problemas económicos. Una vez que empezó a trabajar en dos lugares, un café y una panadería, Jiménez tuvo que abandonar la universidad.

Cuando se dio cuenta de que el sector gastronómico no era la ambición de su vida, Jiménez volvió a solicitar el consejo de su mentora. Steck la animó a comunicarse con los consejeros universitarios, a estudiar los catálogos de cursos y a considerar diferentes carreras.

“Sonja me ayudó a salir adelante”, dice Jiménez. “Ella me apoyó mucho, no sólo académicamente sino también emocional y mentalmente, y realmente me ayudó a encontrar una solución para continuar mis estudios y manejar lo que necesitaba afuera de la universidad”.

Con el apoyo de Steck, Jiménez recomenzó sus estudios en Chabot College, un colegio universitario comunitario de Hayward. Cambió su especialidad a la de ciencias políticas, que le gusta mucho más, y ahora está en proceso de terminar los prerrequisitos necesarios para transferirse a la Universidad de California en Berkeley o Davis. Algún día, Jiménez sueña con asistir a la facultad de derecho y convertirse en abogada de inmigración.

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Sonja Steck

LA MENTORÍA ES UN DAR Y UN RECIBIR

Ser mentora también ha sido una experiencia enriquecedora para Steck, que aconseja y deja que Jiménez tome sus propias decisiones. Dice: “Estoy aprendiendo mucho de su perspectiva. Melissa es vivaz y tiene un gran corazón. Siempre se esfuerza por hacer del mundo un lugar mejor”.

Sandra Ernst, directora principal de Oakland Promise para el acceso y la terminación de los estudios universitarios, explica que la universidad puede ser un reto para muchos estudiantes, independientemente de sus orígenes. Sin embargo, los estudiantes universitarios de primera generación son más propensos a sufrir el “síndrome del impostor”, es decir, a sentir que no pertenecen al grupo. La beca de Oakland Promise ayuda a cubrir gastos que otros estudiantes pueden dar por desconectados, como computadoras o viajes de vuelta a casa. Además, los mentores y los asesores de Oakland Promise ofrecen orientación, oportunidades de prácticas y contactos con empleadores locales.

El próximo año, Oakland Promise prevé otorgar 700 becas según la necesidad de los estudiantes en comparación con las 550 de este año. La beca otorga $1,000 anuales durante dos años a los estudiantes que asistan a un colegio universitario comunitario o programa de formación profesional y hasta $4,000 anuales a quienes asistan a una universidad de cuatro años. Más información sobre Oakland Promise en su sitio web.