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El duelo en medio de una pandemia: ¿cómo lo superamos?

Deborah Schwing, que integra la red de proveedores especializados en cuidados paliativos y de hospicio de Blue Shield of California, habla sobre la pérdida y el duelo en un momento de aislamiento.
El duelo en medio de una pandemia: ¿cómo lo superamos?

Bajo las órdenes de confinamiento actualmente en vigor en los EE.UU., nos encontramos cara a cara con limitaciones repentinas y pérdidas inesperadas y acumulativas. ¿Cómo manejamos en nuestras vidas diarias el aluvión de noticias que hablan de miles de muertos? ¿Cómo podemos dar sentido a las muertes que han ocurrido en el mundo, en nuestras comunidades y en nuestras familias?

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Deborah Schwing, terapeuta certificada especializada en matrimonio y familia y consejera clínica profesional, es gerente de servicios de duelo y gerente interina de asistencia social en Hospice by the Bay en Larkspur, California.

Hace unas semanas, el padre anciano de una colega estaba recibiendo cuidados de hospicio en uno de nuestros centros de atención residencial local. Como es común en las etapas terminales de su enfermedad, su apetito y su fuerza disminuyeron gradualmente en unos pocos meses. El 25 de marzo, ante un cuadro de fiebre alta, el director de enfermería del centro solicitó una prueba de coronavirus que le hicimos el día siguiente. En los días sucesivos, el padre de mi colega, confinado ya a su cama, se debilitó aún más, lo que no parecía demasiado fuera de lo normal.

Sin embargo, al no conocer los resultados de la prueba, los cuidadores nocturnos del centro decidieron protegerse del coronavirus. En ese momento, el centro no estaba obligado a tener artículos de protección personal (PPE, por sus siglas en inglés), así que los trabajadores improvisaron su propio PPE para los momentos que debían entrar en contacto con el anciano. Se pusieron guantes, máscaras quirúrgicas y, de forma creativa, confeccionaron batas improvisadas con bolsas de basura transparentes, metiendo los brazos y la cabeza por aberturas que hicieron en el plástico. Otra bolsa, ajustada en la cintura, funcionaba como una falda.

Los enfermeros del hospicio recomendaron a su hija usar una máscara y guantes en todo momento cuando lo visitaba, por si acaso. Dos días después de la prueba de COVID-19, el anciano falleció y dos días más tarde llegaron los resultados de la prueba: eran positivos. La noticia fue devastadora para su afligida hija. En los 14 días de autocuarentena que siguieron, su dolor ante la pérdida de su padre se vio desplazado por el temor de haberse contagiado el virus. Gracias a la previsión del centro de salud residencial y a los enfermeros del hospicio, las medidas de protección que había tomado durante las visitas a su padre en sus últimos días fueron óptimas.

Mi colega ya ha regresado al trabajo después de su licencia por duelo. Su dolor está latente, unido irremediablemente al recordatorio constante de que su padre murió en medio de esta pandemia en la que todavía estamos.

El elemento común que nos une

La pérdida y las limitaciones son un reto. Se necesitan fuerza y resolución para resistirse a pasar el día en la cama o a mirar sin interrupción nuestros programas de TV favoritos. Pero la pérdida y las limitaciones también pueden inspirarnos. De repente, tenemos tiempo extra para jugar un juego de mesa con nuestros hijos o finalmente ordenar ese cajón de calcetines.

Si ha experimentado una pérdida profunda como la muerte de un ser querido, tal como le ha ocurrido a mi colega, sabe que el dolor puede acechar bajo la superficie, enmascarado en sensaciones de cansancio, irritabilidad, enojo, temor o ansiedad. El dolor por la pérdida de un ser querido es un sentimiento tierno y vulnerable que, cuando se reconoce y se saca a la luz, puede ser como una suave lluvia que derrite el corazón, abriendo el camino para que florezca una mayor gama de emociones humanas positivas.

Esto es especialmente cierto cuando estamos de duelo en medio de un momento estresante de transición. El llanto y el sollozo pueden ser una invitación a un corazón en expansión lleno de amor, emoción, esperanza, posibilidad y alegría. El duelo puede actuar como un gran purificador, un gran transformador y el elemento común que nos une.

Formas de sobrellevar esta situación

Superar estos momentos requiere mucha compasión y herramientas robustas. Aunque hay muchas cosas que no podemos controlar (la propagación del coronavirus, el tiempo que estaremos confinados o incluso el tiempo que estaremos sin trabajo o trabajando desde nuestras casas) sí podemos controlar algunas cosas. Muchos pueden decidir a qué hora levantarse por la mañana o ducharse, con qué frecuencia escuchar o leer las noticias o cuándo contactar a otra persona y ofrecer una palabra amable.

Durante estos momentos de limitaciones, pérdida y transición, estas son las herramientas que pongo en práctica todos los días antes de decir o hacer algo de lo que me podría arrepentir.

  • Límites: reconocer mis límites humanos. Mantener un horario, trabajar cuando estoy trabajando y descansar cuando estoy descansando. Escuchar con toda mi atención a mis hijos cuando se quejan. Decir “sí” cuando puedo y decir humildemente “no” cuando no puedo.
  • Cuerpo: observar la respuesta de mi cuerpo al estrés. Reconocer la fatiga física y mental como una reacción normal al cambio. Enfocarme en respiraciones lentas y profundas de valor y exhalaciones largas de compasión. Esforzarme, dentro de mis posibilidades, por caminar diariamente, comer sano y beber más agua y menos café.
  • Equilibrio: cuidar a mis seres queridos y cuidarme a mí misma. Me resisto a caer en la trampa de hacer todo yo misma. En cambio, cuando estoy fuera de equilibrio, pido ayuda, por ejemplo, extender un plazo, cenar más tarde o doblar la creciente pila de ropa en otro momento. Lo más importante que descubrí fue que bajar mis expectativas, tanto respecto de mí misma como de los demás, es una forma ideal de mantener el equilibrio. Mi mantra es “todos estamos haciendo lo mejor que podemos en este momento monumentalmente estresante”.
  • Lo que viene: ver esta pandemia como un punto en nuestras largas vidas. Estoy atenta a encontrar momentos de significado en esta pausa inaudita de nuestras rutinas diarias. Me imagino a mí misma en el futuro, recordando el pasado y “la pandemia del 2020” y preguntándome: “¿Estoy orgullosa de lo que hice y cómo contribuí al bienestar de mis seres queridos, mis compañeros de trabajo o mi comunidad?”. Dejo que la respuesta a esa pregunta me guíe a la acción correcta hoy. También me aplico a la meditación, a una perspectiva positiva, a apreciar los esfuerzos creativos y a la risa como una herramienta inestimable para despejar el espacio entre el gran peso de las limitaciones y la optimista esperanza de la posibilidad.

En medio de nuestra nueva normalidad temporánea, deseo que cada uno de nosotros sintamos gratitud por lo que tenemos en estos momentos tan difíciles conforme encontramos herramientas prácticas que sacan a relucir lo mejor de todos nosotros, tanto a nivel individual como en nuestra humanidad compartida.

Deborah Schwing, terapeuta certificada especializada en matrimonio y familia y consejera clínica profesional, es gerente de servicios de duelo y gerente interina de asistencia social en Hospice by the Bay en Larkspur, California, parte de la red de Blue Shield of California.