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Una empleada de Blue Shield se enteró de la falta de mascarillas y ya cosió y donó más de 700.

Cuando la falta de mascarillas se hizo sentir en la región, Pat Church comenzó a coserlas.
Una empleada de Blue Shield se enteró de la falta de mascarillas y ya cosió y donó más de 700.

Por Ricquel Jackson | 22 de abril de 2020

El coronavirus nos mantiene separados físicamente, pero nuestra humanidad nos une. Pat Church, analista mayor de sistemas en Blue Shield of California, ha usado el aislamiento social como una oportunidad para ayudar a su comunidad, creando y donando unas 725 mascarillas desde que entró en vigor la orden de confinamiento.

“Todos hablaban de la falta de mascarillas”, dijo, “así que decidí ponerme manos a la obra. Encontré algunos videos instructivos en YouTube y empecé a trabajar”.

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Church ya sabía usar una máquina de coser y dio a la suya un buen uso. En su casa tenía la tela necesaria y empezó a coser las mascarillas, pero pronto se encontró con un obstáculo: no tenía suficiente elástico.

“Usé las redes sociales para preguntar si alguien sabía dónde podía comprar elástico”, dijo Church. “Cuando expliqué lo que estaba tratando de hacer, la respuesta fue increíble”.

Sus vecinos, familiares y amigos empezaron a donar todos los artículos necesarios para coser las mascarillas. Uno de sus primos, que actualmente vive en Taiwán, vio su publicación y le envió elástico desde el exterior.

Además de los artículos, comenzó a recibir solicitudes de donaciones. A la fecha, donó mascarillas al Hospicio de East Bay, a Planned Parenthood del condado de Contra Costa, a Home Care Assistance y, por supuesto, a sus familiares y amigos. Más tarde recibió otra solicitud de un técnico quirúrgico para crear mascarillas que pudieran cubrir los modelos N95.

“A esta persona y a sus colegas se les pedía que reutilizaran sus mascarillas. En realidad, tengo un sobrino en la Costa Este que sólo recibe una mascarilla a la semana”, dijo Church. “El modelo que coso agrega una capa extra de protección. Al final del día pueden colocarla en la lavadora, lavarla y usarla para cubrir su mascarilla N95 en su próximo turno”.

Cuando va al supermercado o al correo, siempre lleva varias mascarillas para regalárselas a los trabajadores esenciales. El resto de las donaciones se hacen sin contacto físico; le informa a la gente cuando su pedido está listo, lo deja en el porche de su casa y ellos lo pasan a retirar.

“Me considero muy afortunada de no sentirme deprimida durante este aislamiento”, dijo. “No tengo tiempo para que esos pensamientos entren en mi mente porque todo momento libre que tengo lo dedico a coser mascarillas. Cuando me despierto, asigno 30 minutos a cortar la tela, en el almuerzo me tomo unos momentos para agregar el elástico y cuando termino de trabajar, plancho las mascarillas. Creo que esta tarea me está dando una descarga de adrenalina porque siento que puedo hacer algo bueno en este momento tan difícil”.